Homenaje a Miguel Henríquez
Desde prisión 31 marzo 2008

Anhelado encuentro en ese tiempo trajinado de espanto cuando el terror abraza la ciudad silente, que apenas palpita en la sangre rebelde

Que misterio vital del universo se quedará oscuro esperando tu verso en fin que maravilla…” (S. R)

Tú historia, nuestra historia

Tú ausencia en nuestra vida furtiva. Anhelado encuentro en ese tiempo trajinado de espanto cuando el terror abraza la ciudad silente, que apenas palpita en la sangre rebelde de cualquier muchacho que sueña un lugar que no existe, que arde con la brisa uniforme de todos esos días.

Así regresa en cada duda, en cada miedo, como imagen fugaz que se desvanece en la calle Santa Fe, en la casa celeste, todo tu ser contenido en ese instante, toda tu razón de existir concentrada en el arma que empuñas como prolongación de tu pensamiento, de tu retórica. Como necesidad de aferrarte al presente para continuar vibrando en cada estampido. Todo se reduce a tu coraje y a tu fusil.

Todavía estas ahí de cara al cielo, intacto y ajeno, tus ideas estampadas en murallas marginales y otros te siguen a veces hacia la muerte en el ritual inevitable de un país derrotado, el rojo y negro de tu savia se derrama en cientos de jóvenes, compatriotas tuyos que remiendan las tres letras lastimadas y entregan a la tentación de desafiar dogmas y de inventar los días.

Tu país, nuestro país, permanece impávido en este tiempo detenido, en este tiempo tardío para procurar neologismos a tu nombre, para limpiar estos ojos y buscar un lugar que también sé que no existe.

(5-octubre-2004)

En homenaje a Miguel Henríquez
Mauricio